El difícil diálogo entre los arquitectos coreanos. Apuntes sobre la Bienal de Arquitectura de Venecia

“Nadie hasta ahora ha podido hablar sobre las dos Coreas al mismo tiempo. Nadie se ha aventurado a un experimento peligroso como este”, han sido las palabras de agradecimiento de Hyungmin Pai, uno de los comisarios del pabellón de Corea, a la hora de agradecer el premio de la Bienal. Peligroso porque exponer paralelamente la aproximación a la modernidad de los dos países significa situar la arquitectura en el plano del debate geopolítico. Hace más de 60 años que la península coreana vive en un estado de frágil armisticio –no de paz- que cada primavera, aproximadamente, se ve amenazada por unas maniobras militares de los dos bandos. Los dos países tienen leyes que prohíben o controlan cualquier movimiento de aproximación. Si un surcoreano posee literatura norcoreana o tiene contactos con la gente del norte, lo tiene que declarar a las autoridades. Un norcoreano no puede acceder a publicaciones sudcoreanas de ningún tipo y la entrada de la gente sud está vetada por las autoridades del norte.

Un primer acercamiento ocurrió en 1988 cuando Storefront for Art and Architecture de Nueva York organizó una exposición a cargo del arquitecto y artista Kyong Park, titulada “DMZ Project”. DMZ (por sus siglas en inglés) designan la Zona Desmilitarizada, una franja de 4km de ancho establecida tras la devastadora guerra de Corea (1950-53) que traviesa la península de mar a mar, unos 250km, separando los dos países. Es un eufemismo: es la franja más militarizada en todo el mundo y un espejo en el que se miran los gobiernos hostiles de Pyongyang y Seúl. Había 68 propuestas en aquella exposición, ninguna directamente coreana y algunas muy interesantes de Paul Virilio, Neil Denari o Lebbeus Woods que estudiaban ocupar esta tierra de nadie, antes de eliminarla. En consecuencia, Woods se imaginaba una fantástica estructura metálica que se sobreponía al territorio contaminado militarmente e ideológicamente, llamándola “Terra Nova”. Habría sido un espacio de debate entre los modelos sociales opuestos y no un territorio o una construcción para fundir las diferencias y la estructura crecería para cubrir, poco a poco a toda la península.

El pabellón de la bienal de Venecia de 2014 nace de esta idea de debate que incluye y trata de entender las diferencias, sin huir tampoco de las similitudes. Sin embargo, ha acabado siendo otra vez un debate indirecto: tras mil intentos, principalmente del comisario Minsuk Cho, de ponerse en contacto con los arquitectos de Pyongyang e iniciar un proceso directo de reflexión sobre las dos caras de la modernidad, la exposición se tuvo que basar en las investigaciones sobre la arquitectura en Corea del Norte realizada por los arquitectos surcoreanos y extranjeros. Hay que esperar todavía a una muestra de arquitectura realizada por los arquitectos norcoreanos y dirigida al público mundial. Preferiblemente una muestra o quizás un encuentro con los arquitectos norcoreanos que no busque ejemplificar una serie de tópicos y corroborar las imágenes prefiguradas –y preciosas- de una arquitectura de gran escala, monótona y solitaria, sin mantenimiento, envuelta en el kitsch político del realismo socialista.

Una enorme inflexibilidad e inercia institucional norcoreana dificultan cualquier contacto profesional con el extranjero, además de interminables niveles de control, censura y autocensura. La lista de organismos o funcionarios que tienen que poner su sello sobre una iniciativa de este tipo es tan grande que la renuncia al contacto viene a ser un acto de auto-liberación e incluso de auto-afirmación. Otro posible problema es la esencia representativa de la arquitectura norcoreana y de su organización profesional. Es una arquitectura hermética y auto-centrada, que nace de las múltiples oposiciones: hacía el propio pasado burgués o religioso, la herencia del colonialismo, hacía el mundo capitalista y el retraso económico de sus provincias. Se desarrolla paralelamente al discurso político del nuevo estado socialista (desde 1948 y sobre todo desde 1953) y es llamada a representar los valores de la modernidad, del progreso tecnológico y de ejemplificar la igualdad y la justicia social. Mediante la obra construida, Corea del Norte se ha acercado al mundo moderno, competido con los países socialistas y se ha medido con los capitalistas. El contenido propagandístico asociado a la arquitectura y la construcción, orientado siempre más hacia el interior que hacía el exterior, los ha convertido en beneficiarios de la máxima inversión económica y de la máxima atención del régimen. La arquitectura concebida por los arquitectos de Kim Il Sung pertenece más a un ideal futuro del socialismo desarrollado que al pasado, pero al mismo tiempo no renuncia a sus raíces en la tradición y su proximidad con los gustos y hábitos populares.

El punto central de la creación arquitectónica en Corea del Norte es la figura del líder quien es considerado el autor supremo de toda construcción. De hecho, el libro teórico más importante es “El Arte Arquitectónico” firmado por Kim Jong Il y publicado en 1991, en el momento culminante de la edad de oro de la arquitectura socialista norcoreana. La figura del arquitecto es mucho más marginal (o inexistente) en comparación con el occidente, para no restar importancia a la iniciativa del líder. La habitual complejidad del proceso constructivo y su carácter multidisciplinario se extienden también al proceso proyectual, por tanto, la obra arquitectónica es considerada un hecho colectivo. La figura del arquitecto autor se desvanece entre todos los actores implicados en la realización. Todos ellos construyen siguiendo el mandato del líder para el bienestar del pueblo y, al mismo tiempo, como los representantes del pueblo, trabajan para contentar las más altas expectativas del líder y del partido. Arquitectos como Paek Si Ha, creador de los primeros tejados de estilo neotradicional, Ham Ui Yon, diseñador del Palacio del Estudio del Pueblo o Yong Myong Ho, arquitecto de la Torre Juche, serían en el occidente arquitectos estrella. En Corea del Norte, “aunque posean extraordinaria sabiduría e inteligencia y profundos conocimientos científicos, no pueden idear y proyectar sintéticamente las obras de largo alcance como la creación arquitectónica”, sino que “son simples técnicos que hacen realidad el pensamiento del líder”. (Kim Jong Il, Obras Escogidas 11, p. 129)

Para Kim Jong Il, una obra bien diseñada sólo puede generar una única interpretación, acorde con la idea Juche, ideología oficial del estado. Ambigüedades, dobles lecturas, ironías o citas, son signos de diseño deficiente o de formalismo burgués. Con la simplicidad propia del realismo socialista, la arquitectura Juche, nacional en la forma y socialista en el contenido, educa las masas, los enseña a entender y utilizar el espacio construido. Por todas estas condicionantes, la arquitectura norcoreana rehúye las comparaciones, no acepta representaciones paralelas y su primera exigencia respecto a la bienal fue de ser representada en un espacio separado. Intuye que, como gran parte de la arquitectura socialista, no se entendería sólo como forma o como imagen, sin el contexto que la explique.

Por el contrario, la arquitectura surcoreana está al orden del día de todos los eventos y las publicaciones arquitectónicas mundiales. También representa el ideal de progreso tecnológico y de la modernidad más vanguardista, con bases totalmente opuestas al norte. Corea del Sud, conocida como el tigre asiático ha hecho el salto económico espectacular, viniendo de un país muy castigado por la guerra y hasta bien entrados los años 70, menos próspero que su vecino. A pesar de las hostilidades y distancias ideológicas, los dos países se han mirado en el espejo impuesto de la DMZ. El caso más conocido fue el de los Juegos Olímpicos de Seúl de 1988 que Pyongyang quiso coorganizar y ante la negativa, organizó un evento casi paralelo: el XIII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, invirtiendo cantidades impensables en la construcción de equipamientos y nuevos barrios de Pyongyang. Un esfuerzo similar se vuelve a hacer de cara a los juegos de invierno de Pyeongchang (Corea del Sud) de 2018 construyendo un centro de esquí i deportes de invierno en Maskyryong, cerca de Kaesong.

La exposición de Venecia tiende puentes fundados en el amplio conocimiento del desarrollo de la modernidad en ambos sistemas, que de cierto modo condensa la modernidad de la guerra fría. Además, plantea bases conceptuales para establecer el contacto directo entre los arquitectos. Una posible vía parte de la individualidad del proceso creativo que en Corea del Norte también existe a pesar de la colectivización de la obra arquitectónica. La iniciativa llamada Utopian Tours consiste de proyectos utópicos que exploran el futuro del turismo en Corea del Norte, comisionados individualmente, sin la intervención del estado. El resultado son proyectos divertidos, algunos parecidos a la arquitectura neo nacional, otros que recuerdan a grandes obras de Pyongyang, pero todos tecnológicamente muy avanzados y más respetuosos con el medio ambiente en comparación con la obra existente. Utopía que siempre hace mover los límites ideológicos y, sobre todo, la utopía tecnológica, es un terreno propenso a superar las diferencias originadas en la política real.

Volviendo al DMZ Project 26 años después, Kyong Park se imagina un movimiento trans-coreano auto-organizado y anárquico llamado occupy DMZ que se basa en el desencanto colectivo de ambas sociedades con sus respectivos gobiernos que se alían, hipotéticamente, para perpetuar el conflicto y mantener así los intereses electorales propios. El movimiento se erige por encima de los gobiernos dependientes de la ideología Juche, de la iglesia o de las multinacionales y empieza ocupando la tierra de nadie fronteriza. Partiendo de la idea poética (y política) de que se puede cruzar la frontera legalmente siempre y cuando no se quiere llegar al otro lado, la Zona Desmilitarizada se empieza a llenar de contenidos y de una arquitectura híbrida desarrollada a base de macroestructura residencial de ambos países, elevada sobre el terreno al estilo de la Terra Nova de Lebbeus Woods, para convertir el punto de separación en el origen de reunificación.

Imágenes:
DMZ Project 1988 – Lebbeus Woods, http://lebbeuswoods.net/
Fotos de Pyongyang 2012- Maxime Delvaux, Crow’s Eye View: The Korean Peninsula, Hyungmin Pai, Minsuk Cho, Eds. Archlife, Seul, 2014. (The Korean Pavilion 14th International Architecture exhibition- la Biennale di Venezia), http://maximedelvaux.com/
Obras para el XIII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes: Corea del Norte. Utopía de Hormigón, R. Mateos, J. Prokopljević, Muñoz Moya Editores, Sevilla 2012. http://www.nkarchitecture.com/
Utopian Tours – Koryo Group, Nick Bonner, Crow’s Eye View: The Korean Peninsula, Hyungmin Pai, Minsuk Cho, Eds. Archlife, Seul, 2014. (The Korean Pavilion 14th International Architecture exhibition- la Biennale di Venezia)

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